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ISSN 1989-4163

NUMERO 27 - NOVIEMBRE 2011

¿Será Niña?

Ángela Mallén

Una mirada aburrida, hastiada, tediosa (de paseante ciudadano de mediana edad) se encuentra por la calle a dos mellizas. Una de ellas presenta un enorme vientre de embarazada; la otra, un vientre liso. Visten blusas blancas de cuello barco abrochado mediante cintas de raso de color verde hoja, muy anchas y vistosas. Usan pollera y miriñaque. _¿Todavía pollera y miriñaque? _Se pregunta la mirada.  _Pues sí.

La mirada del paseante conecta con su base de datos de enciclopedia por fascículos, de suplemento semanal, de damero maldito. Allí hay poco que rascar. Como la mirada no ha observado mucho, sigue viendo poco. Pero la forma externa de las mellizas atrae, aspira.

Las mellizas habían llegado por aire a esa ciudad prediseñada. A ese cosmos predeterminado no se sabe por quién ni para qué. A ese mundo inconcluso con una historia abigarrada, confusa. Ellas proceden de un universo eterno binario: una explanada yerta donde los sábados hay mercado con frutas, especias, alpacas, vicuñas, llamas, ponchos, sabores, colores, acentos quechua, el cielo liso, unos pocos pesos; y más allá de la explanada, un reino verde que crece por encima de las nubes, crece y crece, bien repleto de manjares, divinidades transandinas y filósofos incaicos. 

Puesto que las mellizas son extraterrícolas -de un poblado que trepó al altiplano en los tiempos de Manco Cápac y Mama Ocllo, de un poblado que roza la órbita del sol-, son mellizas solares,  helénicas,  y con ellas llega un tiempo de importación.

Blusas, polleras y miriñaques pasan por delante de franquicias, esculturas de basalto, miradores pintados de blanco, viandantes vestidos de invierno, hieráticos, absortos.

Diciembre.

Meridión.

En un momento astral inesperado (como un regalo de los dioses que observan desde el altiplano), las mellizas pasan por delante de un escaparate navideño decorado con estrellas fluorescentes pegadas sobre una bóveda de papel satinado azul. Las mellizas disfrutan por un instante de un fondoandino: un momento donde incardinar pasos de coherencia interior (dos, tres pasos, no más, que se adentran en la melancolía de la identidad, del cielo abierto sobre las crestas y las civilizaciones). La embarazada sonríe levemente porque percibe en su seno el movimiento de una pata de libélula, de una onda amniótica, de un guijarro arrojado al lago Titicaca.

Un paso más, y el norte las engulle, a las dos mellizas solares (helénicas). Norte  que aguarda con escaleras sucias, ancianos sin memoria, niños soberbios, fauces abiertas, horas baratas,  el euríbor, el teletexto, el locutorio. Sí, ahí  desaparecen las mellizas. En un locutorio.

La mirada del norte desconoce la composición de las mellizas. Más aún el fuero interno de la embarazada. Es pronto para saber si las asimila o qué. Es pronto todavía.
La mirada viandante no se plantea ninguna pregunta más.
¿Será niña?

 

Niña

 

 

 

 

 

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